Mi misión, como facilitadora de sanación y expansión del alma, es guiar a las mujeres para que vuelvan a conectar con su esencia más pura: esa alma auténtica que, en algún momento entre la infancia y la edad adulta, quedó enterrada bajo capas de creencias limitantes, emociones atrapadas y viejas heridas (algunas de las cuales ni siquiera son nuestras, sino heredadas de la tía abuela que nunca conocimos).
Me siento como un puente entre lo visible y lo invisible, una especie de traductora simultánea de lo que el cuerpo, el corazón y el subconsciente llevan años intentando decir, pero que nosotras, con nuestras apretadas agendas y dramas cotidianos, simplemente ignoramos. A través del Código de la Emoción®, el Código del Cuerpo™ y el Código de la Creencia®, te ayudo a darte cuenta de que tus bloqueos no definen quién eres. Sólo son hitos en el camino que indican que estás preparada para desprenderte de lo que ya no te sirve.
Como facilitadora, no estoy aquí para sanarte (esa magia es toda tuya), sino para guiarte en este proceso de sanación y expansión, ayudándote a abrir las puertas que aún permanecen cerradas.
Mi propio viaje de sanación no fue (ni es) lineal, y quizá por eso puedo entender tan bien a las personas que acuden a mí. Han sido años de caminar, tropezar, levantarse y volver a tropezar. He perdido la cuenta de las veces que me he preguntado: "¡¿Pero cuándo la vida se vuelve fácil?!" Hasta que me di cuenta de que la vida no está aquí para ser fácil (pero tampoco tiene por qué ser difícil) - está aquí para recordarnos quiénes somos.
Creo que la infancia es ese periodo fundamental en el que todo nos desconecta de nuestra esencia, para que más adelante podamos hacer el viaje de vuelta. Es como si el universo nos dijera: "Vete y piérdete, yo esperaré aquí hasta que recuerdes el camino de vuelta". Esta búsqueda, llena de luces y sombras, es lo que despertó mi alma a lo que hago hoy.
Mi despertar no fue uno de esos con coros angelicales de fondo. Fue más bien "despierta porque ya no puedes ignorarlo". Empecé a darme cuenta de que no somos sólo humanos con alma – somos almas divinas viviendo una experiencia humana. Y en cuanto lo comprendí (o mejor dicho, lo sentí brotar dentro de mí), todo cambió.
En mi proceso, me di cuenta del pánico que me daba no tener objetivos, no tener un propósito. La idea de simplemente existir me aterrorizaba. Había algo muy fuerte dentro de mí que me decía que si no tenía una función, no merecía estar aquí... Más tarde me di cuenta de que incluso contenía la respiración porque no quería ser una molestia, fue un ajá...muy fuerte!
Cuando me di cuenta de que no tenía que tener un propósito, que estaba bien si simplemente existía y que tenía ese derecho, que no estaba aquí por casualidad, me liberé y... conocí los códigos.
No todos estamos aquí con un propósito o misión exótico, pero sin duda estamos aquí para vivir nuestra mejor vida libre y auténtica.
Hoy veo la vida de un modo totalmente distinto. Cada reto es una oportunidad para crecer, cada dolor conlleva una lección y cada emoción que surge tiene un mensaje importante. ¿Y sinceramente? No siempre me gustan estos mensajes, puedo ser dramática y pasarme unas horas intensamente amargada por la vida (bellezas de ser proyectora). Pero he aprendido que la resistencia sólo prolonga el proceso.
Los dones que he descubierto en el camino – una intuición aguda, la capacidad de percibir lo que no se dice y una facilidad para leer lo que necesita la otra persona – son herramientas que traigo para mis sesiones, ayudando a cada persona a expandirse más allá de lo que imaginaba posible.
Cómo Proyectora en el Diseño Humano (para quien no lo sepa, una especie de guía espiritual disfrazado de persona normal), descubrí que mi papel es guiar, no perseguir. ¿Y lo más divertido? Los clientes que vienen a mí son exactamente los que están alineados conmigo. Ya había experimentado este rechazo cuando intentaba ayudar de verdad y las cosas salieron muy mal. Cuando descubrí mi Diseño Humano, todo cobró sentido. Dejé de intentar ofrecerme o invitarme a ayudar, y entonces todo comenzó a fluir de manera natural.
Es como magia, ¡de verdad! Cuando mi energía está disponible, me encuentro con clientes que están totalmente alinead@s conmigo y a los que puedo ayudar de una manera profunda... es hermoso✨.
L@s proyector@s tienen una capacidad natural para ver lo que otros no pueden ver en sí mismos – y eso encaja perfectamente con mi trabajo. Si estás leyendo esto y sientes que algo vibra en tu interior, ¡enhorabuena! Formas parte del grupo de almas que el universo me ha traído. Otra característica es que también sabemos leer bien cuándo hay una apertura para guiar o no, así que sé muy bien cómo callarme cuando no es el momento adecuado.
Como facilitadora y proyectora, no estoy aquí para forzar transformaciones, sino para guiarte suavemente hacia tu propia luz.
Mi misión no es sanarte (aquí el único superhéroe es tu esencia). Estoy aquí para guiarte, apoyarte y abrirte las puertas adecuadas. Pero depende de ti dar el paso. Creo profundamente que la sanación se produce cuando escuchamos al cuerpo, respetamos el tiempo del alma y liberamos las ataduras que hemos acumulado.
A veces, la sanación consiste en desprenderse de una vieja creencia. Otras veces, es liberar una emoción atrapada que ha estado oculta desde la infancia (¡o incluso antes!). Y hay veces en que todo lo que tienes que hacer es recordar... Merezco ser feliz, y eso mueve montañas.
Lo que he descubierto a lo largo de este viaje es que no sólo liberamos nuestras emociones o creencias, sino que liberamos nuestras almas para vivir en la verdad, el amor y la autenticidad.
Y, para ser sincera, cuando alguien me dice que ha sentido una enorme sensación de ligereza después de una sesión, siento que estoy cumpliendo mi misión.
Cada mujer que se alinea con su esencia, sana las heridas y recupera el brillo de sus ojos es una pieza más del gran rompecabezas cósmico.
Sé que mi misión no termina aquí, ¡no he hecho más que empezar! Hay un largo y hermoso camino por delante, lleno de nuevos descubrimientos y otros dones que aún están surgiendo (como comunicarme con las plantas....¡de verdad!).
El alma es infinita, y también lo son sus misiones.
Creo que si sigo trabajando en mí misma (algo que hago constantemente, es una necesidad y un regalo que me permito a diario) y guiando a otras mujeres, se abrirán nuevas puertas, porque, en el fondo, todas somos guías y alumn@s a la vez y aprendo mucho de tod@s que se cruzan en mi camino.
Si sientes que tu alma está preparada para soltar lo que ya no necesita, y quieres cumplir al menos una de las misiones de tu alma, ya sabes dónde encontrarme. Estoy aquí para ti, siempre esperando tranquilamente una invitación. 💖